los robots no lloran… todavía

Tiene 77 años, pero anoche ofreció una lección de baile y emoción. Jean Michel Jarre subió al escenario de Las Noches del Botánico con la intención de demostrar que no es un dinosaurio; si lo es, es uno de los que muerden y trituran los huesos de sus imprudentes víctimas. Porque anoche ofreció poco de música concreta y mucho de energía. Con sus gafas oscuras y un pequeño sintetizador modular detrás de su moderna mesa de mezclas, Jarre fusionó dos universos: el de los pioneros de los sonidos sintéticos y el de la dominante cultura de baile. Una muestra de que el «french touch», del que tantos DJs hicieron fortuna, lo creó él.

Jarre se presentó de manera encantadora, rindiendo homenaje a su inspiración al sur de los Pirineos: «España siempre ha sido una fuente de inspiración para mí. De Velázquez a Goya, de Dalí a Gaudí, de Albéniz a Rosalía… para mí, España es esa mezcla única de la tragedia que siente en el flamenco y, al mismo tiempo, esa alegría de vivir que tenéis absolutamente incomparables», afirmó para ganarse a la audiencia nada más colocarse detrás de la mesa de mezclas. Lo logró, maldita sea: «Magnetic Fields Part. 1» estableció las bases de lo que íbamos a experimentar, una puerta al otro lado.

Concierto de Jean-Michel Jarre en las Noches del Botánico Ricardo Rubio Prensa Europea

No era el único mensaje que tenía el señor Jarre esa noche: recordemos que, aunque es uno de los nombres de la música electrónica, Jarre no forma parte de la cultura de club, sino de la cultura pop, que concibe su producción como temas, canciones en sí mismas (de mayor duración que el pop de la radio) y no como una sesión con derivaciones sin solución de continuidad. «La música electrónica no nació en Estados Unidos, sino en Europa. No tiene nada que ver con el jazz y el rock. Proviene de nuestra herencia de la música clásica y de nuestro permanente espíritu de innovación», proclamó. No le falta razón al señor Jarre: la música electrónica, además de los experimentos «arty» de Wendy Carlos y muchos otros, nació con Kraftwerk: ellos fueron los primeros en traducir el lenguaje de las máquinas a una canción de pop. En ellos se inspiraron los pioneros del techno de Detroit para crear una cultura de baile completamente nueva para los rechazados. «Sex In The Machine», «Waterphone» y «Oxymore» funcionaron como un primer set introductorio, una fase de despegue que servía para abrochar los cinturones.

Pero Jarre tenía un mensaje importante: «Siempre he pensado que hacer música electrónica es como cocinar: crear texturas, armonías y formas de onda, mezclando ingredientes de una manera orgánica, igual que una paella…», dijo, guiñando un ojo con tantas ganas de agradar como inconsciencia del cliché. El francés demostró que lo suyo es alta cocina de «beats» y anunció que, con sus gafas, podríamos ver sus dedos en la cocina. Parecía una demostración real, pero solo duró una canción: si se estaba haciendo un David Guetta disparando una sesión pregrabada, nunca lo sabremos. Poco le importaría a su público, que vibró con cada tema; así que sigamos.

Concierto de Jean-Michel Jarre en las Noches del Botánico Ricardo Rubio Prensa Europea

Sonaron «Oxygen Part.2», «Arpegiator» y «Equinoxe Part.2», montando una discoteca digna de Amnesia (donde actúa el próximo 5 de julio) que hizo levantarse a una audiencia veterana (nadie bajaba remotamente de los 40 años) que agradeció como si fueran habituales de Fabrik. «The Architect», «Zoolookogy», «Zero Gravity» e «Industrial Revolution Part.2» demostraron que el músico francés domina todos los lenguajes y tendencias del océano de los sonidos sintéticos. Sonó a reivindicación. A prueba de que, aunque su especialidad no sea desgastar suela (aunque anoche, en directo, lo consiguió), sigue la máxima de Kraftwerk: todos somos el hombre máquina, todos vibramos con un trance hipnótico y con unos «beats» ascendentes, como si un ovni nos estuviera abduciendo en medio del Jardín Botánico de la Universidad Complutense, bajo la noche estrellada y junto a cedros iluminados desde abajo como si de hogueras se tratase.

A «Industrial Revollution Part 2» le siguió «Herbalizer» y la intensidad iba aumentando. Pero Jarre tenía otro mensaje para su audiencia: «No debemos tener miedo al progreso, ni a la tecnología. La tecnología puede ser poética y orgánica. Hoy mucha gente tiene miedo a la inteligencia artificial, pero la tecnología es neutra; todo depende del uso que hagamos de ella. Y, por supuesto, no debemos ser ingenuos. Para nosotros, los artistas, es una oportunidad de expandir nuestra imaginación. Para mí, la IA significa Imaginación Aumentada. Este espectáculo ha sido creado en parte con la ayuda de la inteligencia artificial, especialmente los elementos visuales», anunció. «Cuando me preguntan, digo que los robots no lloran… todavía», proclamó. La intensidad iba en aumento. Los graves cada vez iban más al pecho, como queriendo demostrar que él también sabe, que no solo crea paisajes y atmósferas, sino que es el padrino de una cultura que ama los sonidos sintéticos, que se entrega y se deja llevar por ellos como si de un aria sinfónica se tratase. Estábamos disfrutando de una fiesta inesperada. Quedaban «Oxigen 19», «Exit», «Equinoxe Part 4» y «Brutalism». Por supuesto, no faltaron «Epica», «Stardust» y, en los bises, «Rendez-Vous 4» y «Magnetic Fields Part 2». Jarre se despidió y parecía tres décadas más joven. Cuando nos despertamos, los dinosaurios éramos nosotros.

Concierto de Jean-Michel Jarre en las Noches del Botánico Ricardo Rubio Prensa Europea

Fuente original: www.larazon.es

Publicado originalmente el 2026-07-03 22:36:00 por

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