Jean-Michel Jarre, presumiendo de revoluciones medio siglo después en las Noches del Botánico

Cinco minutos después de la hora programada, numerosos láseres blancos se proyectan al cielo mientras una voz comienza la cuenta atrás en español, evocando el momento previo al despegue del Apolo XI hacia la Luna. Varios sintetizadores y efectos resuenan hasta que finalmente Jean-Michel Jarre (Lyon, 1948) se presenta en el escenario, y se escucha ‘The Opening’, su homenaje al compositor francés Pierre Henry, pionero de la música concreta. Después de una primera ovación y antes de empezar su espectáculo de robots, escenas surrealistas traídas de un cuadro de Esther, rayos, formas geométricas en movimiento, melodías contagiosas y ritmos, el compositor se sitúa en el centro del escenario, con el micrófono en mano, y cautiva al público asegurando la gran influencia que han tenido en él Dalí, Velázquez, Gaudí, Pedro Almodóvar, Albéniz y Rosalía.

Populismo musical de primera. Aplauso garantizado, que utiliza para interpretar ‘Magnetic Fields Part 1’, ‘Sex In The Machine’, ‘Oxymore’ y ‘Waterphone’, con esos timbres metálicos que parecen sacados de ‘Encuentros en la tercera fase’. Todo suena perfecto, realmente. Es difícil imaginar que algunos de esos temas con ecos futuristas fueron compuestos hace medio siglo.

En la entrevista publicada por ABC Cultural hace dos meses, Jarre me comentó que tenía «una sorpresa muy especial para esta gira por España», cuyo primer concierto en las Noches del Botánico ha agotado todas las entradas. También aseguró que él mismo diseñó el escenario y toda la parte visual, utilizando –y aquí viene la novedad para un compositor de 77 años– «la inteligencia artificial como un instrumento más». Hace dos semanas, un miembro de la organización reveló en ‘petit comité’ que había visto el montaje y que era lo más impresionante que había pasado por el festival madrileño en la última década.

Como anzuelo no está nada mal, sobre todo considerando que hacía casi veinte años que Jarre no se presentaba en Madrid. Específicamente, desde que en 2008 interpretó su icónico álbum ‘Oxygène’ en el Auditorio del Parque de Atracciones. Anoche llegamos al Botánico de la Complutense con grandes expectativas, listos para sumergirnos en la ‘rave’ de uno de los pioneros del género. Él lo afirma, no yo, pero cumple, porque ‘Oxygene Part 2’, ‘Arpegiator’, ‘The Architect’, ‘Zoolookology’ y ‘Equinoxe Part 7’ ponen al público a bailar y aplaudir. Esto es también un concierto de pop.

La ‘clase magistral’

A continuación, ofrece otra ‘masterclass’, como si necesitara reafirmar su cruzada a estas alturas: «La música electrónica no está relacionada con Estados Unidos, el rock o el jazz. Nació aquí, en España, en Francia… en Europa». El público aplaude el reconocimiento patriótico y él continúa con la lección: «Surge de nuestra herencia clásica y de un constante espíritu de innovación. Por eso, esta noche quiero invitaros a entrar en lo que yo llamo ‘mi cocina’. Siempre he creído que hacer música electrónica es como cocinar: crear texturas, armonías y formas de onda, combinando ingredientes de manera orgánica. ¡Igual que preparar una buena paella!».

El chiste ya lo tiene preparado, pero funciona. Todo lo que dice está previamente escrito en español, para que todos lo comprendan, en las dos grandes pantallas que flanquean el escenario. Suena ‘Zero Gravity’, evocando viajes espaciales; ‘Industrial Revolution Part 2’, homenajeando las grandes transformaciones tecnológicas, y ‘Oxygene 19’. La gente disfruta especialmente con ‘Exit’, que Jarre compuso junto al dúo Pet Shop Boys, con una letra inspirada en un discurso de Edward Snowden, ex trabajador de la CIA acusado de espionaje y refugiado en Rusia.

En realidad, podría crear mil setlists diferentes y todos funcionarían. No le faltan éxitos. Su currículo de más de cincuenta años y numerosos discos lo respalda, así que continúa avanzando como una locomotora. Solo toma pequeñas pausas cuando quiere pronunciar otro mitin: «No deberíamos temer al progreso ni a la tecnología. La tecnología también puede ser poética y orgánica. Por ejemplo, hoy en día mucha gente teme a la inteligencia artificial, pero la tecnología es neutra; todo depende de cómo la utilicemos. Para un artista como yo, puede convertirse en una oportunidad para expandir la imaginación. Para mí, la IA significa ‘imaginación aumentada’. Este espectáculo, de hecho, ha sido creado en parte con su ayuda», confirma.

Kraftwerk

Jarre conecta aún más con el público cuando despliega esas melodías pegadizas que los asistentes tararean como si estuvieran escuchando la canción del verano. Melodías que él siempre ha defendido, pero que lo distancian de la corriente alemana liderada por Kraftwerk, un poco más experimental, donde predominan las máquinas sobre los sentimientos. Él, sin embargo, quiere tocar nuestro ‘cuore’ en cada momento, no convertirnos en autómatas. Por eso parece disfrutar más que nadie: baila animado sobre su plataforma, rodeado de teclados, aparatos de todo tipo y muchos cables.

No es fácil imaginar lo que siente al actuar ante 4.000 personas, en comparación con el millón que reunió en la Plaza de la Concordia de París en 1979, como Napoleón de la música electrónica en conquista del mundo. Ese día, Mick Jagger dijo haberse quedado impactado. Sin mencionar el millón y medio en Houston durante la celebración del 25.º aniversario de la NASA en 1986, y los 3,5 millones en Moscú en 1996, la actuación más multitudinaria de la historia. Lo de anoche no debió ser nada para él, pero sonríe, anima al público a saltar y continúa bailando en el tramo final de este corto concierto, como si se hubiera quitado varios años de encima con ‘Brutalism’, ‘Epica’ y ‘Stardust’. Música que también se contempla, como ir a ver ‘Tron’ al cine.

Cerró el concierto volviendo a uno de los temas esenciales de esa primera etapa, ‘Magnetic Fields Part 2’, e invitó al público a regresar al Botánico el 10 de julio, donde ofrecerá su segunda actuación en la capital. En los próximos días, también estará en Valencia (Marina Norte, 8), Marbella (Starlite Occident Festival, 13) y este domingo en la discoteca Amnesia de Ibiza para celebrar el 50 aniversario del club y su debut, aquel ‘Oxygène’ de 1976 que se vendió rápidamente en 12 millones de copias.

Fuente original: www.abc.es

Publicado originalmente el 2026-07-03 23:59:00 por

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