2001 – Hymn to the Akropolis

junio 19, 2001 - junio 20, 2001
12:00 am
Atenas, Grecia
Jarre.cl
Jean-Michel Jarre
2001 – Hymn to the Akropolis

Nombre del concierto: Hymn to the Akropolis
Fecha: 2001/06/19–20
Ubicación: Atenas, Grecia
Lugar: Odeón de Herodes Ático (Acrópolis de Atenas)
Asistencia estimada: ~10.000 personas (dos noches, concierto benéfico)

Músicos participantes:

    •  Jean-Michel Jarre (teclados, arpa láser, voz)
    • Francis Rimbert (teclados, sintetizadores)
    • Christoph Papendieck (bajo, teclados)
    • Patrick Rondat (guitarra eléctrica)
    • Laurent Faucheux (batería)
    • Vasiliki Karagianni (soprano)
    • Coro Mixto de Atenas y coro infantil de San Eutímio (dirigidos por Stavros Beris y D. Kanaris)
    • Orquesta Enarmonía (director: Chrisanthos Alisafis)

Bajo la imponente sombra del Partenón iluminado, Jean-Michel Jarre convirtió las noches del 19 y 20 de junio de 2001 en una experiencia mágica y solidaria en Atenas. El anfiteatro romano de Herodes Ático, a los pies de la Acrópolis, colmó sus 5.000 butacas cada noche con un público entusiasta a pesar del elevado precio de las entradas –las más caras de la temporada, cuyos ingresos estaban destinados íntegramente a la fundación infantil griega Elpida. Jarre, embajador de buena voluntad de la UNESCO, ofreció estos dos conciertos benéficos con el objetivo de recaudar fondos para construir un hospital oncológico infantil, aportando incluso su propio caché a la causa. La velada inició con un emotivo gesto: la noche previa, durante el ensayo general, el recinto fue abierto gratuitamente para que los niños enfermos de Elpida y sus familias pudieran disfrutar en exclusiva del espectáculo, un detalle humano que reflejó el espíritu altruista del evento.

El contexto histórico y el entorno eran inmejorables. Nunca antes la electrónica vanguardista de Jarre había dialogado tan directamente con la historia: las piedras milenarias del Odeón servían de lienzo a una ambiciosa escenografía de luces y sonido. Sobre el lateral de la Acrópolis se proyectaron arcos de luz de colores, rayos láser verdes y azules que cortaban la noche ateniense, mientras múltiples pantallas gigantes y monitores rodeaban el escenario clásico creando un contraste asombroso entre modernidad y antigüedad. “Magníficos medios técnicos, resultados espectaculares” reseñó la prensa local, asombrada por la fusión de imágenes y música frente al monumento histórico. Jarre aparecía tras su emblemático sintetizador modular, pulsando su arpa láser verde bajo las columnas de mármol, incluso tocando un acordeón en pasajes nostálgicos, simbolizando un puente sonoro entre la tradición y la vanguardia. La atmósfera resultante tenía algo de ritual futurista en un templo antiguo: un espectáculo único que envolvió la Acrópolis en electrónica sinfónica.

Musicalmente, Jarre ofreció un repertorio cuidadosamente seleccionado que combinó algunos de sus éxitos más queridos con arreglos orquestales especiales y piezas nuevas compuestas para la ocasión. Acompañado por la Orquesta Enarmonía y coros griegos, el francés revisitó clásicos como Oxygene 4, Équinoxe 4 o Révolutions con una riqueza tímbrica potenciada por cuerdas y voces en directo. Cada tema clásico arrancaba ovaciones del público, feliz de reconocer las melodías cósmicas de Oxygene resonando bajo el cielo helénico. Pero también hubo sorpresas: Hymn to the Akropolis, la obra inédita que dio nombre al concierto, fue presentada hacia el final como clímax emotivo de la noche. Este himno, basado en un antiguo tema de Jarre (Give Me a Sign) reelaborado en clave orquestal, sonó solemne y majestuoso, casi como si hubiese sido compuesto para ser interpretado en ese preciso lugar. Asimismo, Éthnicolor –una compleja pieza de su álbum Zoolook– se interpretó al menos en la primera noche, subrayando el carácter excepcional del repertorio (el segundo concierto fue transmitido en directo por TV y debido a restricciones horarias hubo de omitirse esta pieza experimental). Hubo momentos de gran belleza, como el solo de guitarra eléctrica de Patrick Rondat versionando a Vivaldi bajo las estrellas griegas, o la intervención de la soprano local Vasiliki Karagianni llenando el teatro con sus agudos sobre la melodía de Chronologie 3, poniendo la piel de gallina a más de uno en la audiencia.

La respuesta del público y la crítica fue entusiasta. Los atenienses agotaron las entradas –a pesar de costar hasta 50.000 pesetas (300 €) la localidad más cara– y ovacionaron de pie a Jarre y sus músicos cada noche. La prensa griega habló de “éxito total, lleno total”, destacando la singularidad de ver un concierto electrónico en un lugar tan sagrado para la cultura helena. Muchos asistentes comentaron con emoción cómo Jarre logró un diálogo entre la música electrónica moderna y el patrimonio clásico, sin que una opacase al otro. Fanáticos llegados de otros países también se hicieron presentes entre el público; para la comunidad jarrera internacional, este concierto benéfico en la Acrópolis se convirtió de inmediato en legendario, en parte por la dificultad de volver a montar algo similar. Además de lo musical, Jarre dejó huella en el corazón de los griegos al sumarse a una de sus causas culturales más sentidas: desde el escenario, mirando hacia el Partenón, hizo un llamamiento público a favor de la devolución de los Mármoles de Elgin. “Cuando veo la Acrópolis desde aquí, lo único que puedo decir es que los Mármoles del Partenón tienen que regresar de inmediato [a Grecia]” proclamó, ganándose una estruendosa ovación del público local. Sus palabras, difundidas luego en medios internacionales, convirtieron el concierto también en altavoz de esa reivindicación histórica de Grecia, demostrando el compromiso cultural de Jarre más allá de la música.

En el balance final, Hymn to the Akropolis se recuerda como un espectáculo audiovisual impresionante, pero también como un momento de comunión entre arte, historia y solidaridad. El legado de estos conciertos se materializó en la construcción del hospital infantil financiado con lo recaudado, dejando un impacto benéfico y duradero más allá de lo artístico. Para Jarre, significó la oportunidad de inscribir su música en el milenario escenario que tantos soñaron –una consagración simbólica como “embajador cultural” en el sentido más literal–. Años después, aficionados siguen rememorando la imagen de Jarre elevando sus sintetizadores entre las columnas dóricas iluminadas, creando un recuerdo indeleble donde la electrónica abrazó a la antigüedad. Aquella noche, la Acrópolis tuvo un himno nuevo y la electrónica escribió un capítulo imborrable en el libro de los conciertos monumentales.

Referencias:

  • ABC.ES (2001, 22 de junio). Concierto de Jean Michel Jarre bajo la Acrópolis ateniense. Diario ABC (España) abc.es
  • Jean-Michel JarreHymn to the Akropolis (2001). (s.f.). En Jeanmicheljarre.comjeanmicheljarre.com
  • Hymn to the Akropolis – Jean Michel Jarre Fan Page. (2009, 13 de octubre). Datos del concierto y setlistjmjarrefan.wordpress.com.