Jean–Michel Jarre y el rockstar astronómico

Muchos ya no pudieron presenciar la conexión entre el sol y la luna, esa desconcertante y hermosa noche de cuatro minutos con luces lejanas como las de un amanecer. Dos albas en un mismo día y un público vitoreando, rezando o llorándole al rockstar astronómico.

Imagen del simulador del portal eclipse2024.org

I saw the sun begin to dim.
De aquí en adelante
estos ojos no serán cegados por las luces, y volveremos a casa otra vez…
—Hugh Jackman, “De ahora en adelante” de El mayor showman

Una ciudad en el norte de México “donde no pasa nada”, que no es capital de su estado ni un destino turístico habitual ni de negocios —y que muchos desconocen si no fuera por su afición futbolera con el Santos Laguna— acogió al máximo rockstar astronómico un lunes de abril con huestes que le rindieron homenaje.

Ya han pasado casi 33 años desde que la Ciudad de México vivió un espectáculo de semejantes dimensiones con un momento muy favorable: era 11 de julio, temporada alta y vacaciones de verano —esos largos veranos para quienes estábamos en la primaria entonces— y un gobierno neoliberal priista liderado por Carlos Salinas de Gortari, que lo promovió como un gran logro de su administración. En esos días, Jean–Michel Jarre, pionero de la música electrónica —y compositor favorito de esta periodista— intentó organizar un concierto simbólico en las pirámides de Teotihuacán, pero se encontró con muchas dificultades: burocracia, chauvinismo y envidias de otros músicos locales; le negaron el permiso entre una organización deplorable de aquellos tiempos pre–Ocesa y otras razones insólitas (desde entonces no quiere saber nada de nosotros, y con justa razón).

Actualmente, vivimos en un mundo inmerso por y obsesionado con las redes sociales, con personas influyentes narcisistas, que sigue intentando recuperarse de la devastadora pandemia del covid–19. La inteligencia artificial y el cambio climático irrumpieron “a solo 90 segundos de la medianoche”. No faltaron quienes promovieron seudociencia y supersticiones en Instagram que negaron el acontecimiento. Y México, en medio de una coyuntura política desafortunada y nefasta entre dos mujeres que se disputan la presidencia —una de una alianza “conservadora” y otra de un turbio partido populista cuyos resultados han sido decepcionantes—. Todo ello disminuyó la cobertura mediática del eclipse del lunes 8 de abril de 2024 a nivel nacional, aunque muchos turistas más astutos organizaron su viaje —incluso con cinco años de antelación, según reportaron los noticieros— desde el resto de la república, Estados Unidos, Europa e incluso Asia.

Esto afectó la economía y provocó una diáspora local, especialmente entre jóvenes; sin embargo, mejoró considerablemente su reputación tras el campeonato de fútbol del Santos Laguna en 2012 gracias a Oribe Peralta. Una de cal por muchas de arena.

Torreón, una ciudad con 120 años de historia y parte de la Comarca Lagunera, al sur de Coahuila, ya había sufrido las secuelas de una severa violencia entre 2007 y 2014 cuando los cárteles de Sinaloa y Los Zetas se disputaban el narcotráfico durante el mandato de Felipe Calderón. Esto impactó en la economía y generó una diáspora local, especialmente de jóvenes; aunque, como se mencionó, tuvo un cambio significativo en su reputación gracias al campeonato de fútbol del Santos Laguna en 2012 gracias a Oribe Peralta. Una de cal por muchas de arena.

Más de una década después, la situación es más tranquila, aunque algunas cicatrices sociales aún son visibles, y durante ese tiempo han alternado entre PRI y PAN; Morena se ha mostrado como un proyecto infructuoso. En 2023, Coahuila se destacó como el único estado gobernado por el Partido Revolucionario Institucional bajo el mando de Manolo Jiménez. Así, se entiende por qué el presidente López Obrador decidió realizar su “mañanera” el 8 de abril en Mazatlán, Sinaloa, con el gobernador Rubén Rocha Moya, de Morena, y su sospechosa conexión con el Cártel de Sinaloa.

Mientras tanto, la ciencia, tan menospreciada durante este sexenio, eligió a Torreón como el punto geográfico óptimo y sede oficial para su investigación y transmisión. El equipo de la NASA llegó semanas antes para probar telescopios y realizar investigaciones previas, dada la duración adicional del fenómeno de 14 segundos en comparación con la otra ciudad costera, así como las buenas condiciones climáticas. En total, el clímax duraría cuatro minutos y 28 segundos a las 12:17 pm. Esa mañana, una serie de nubes preocupantes cubrieron el cielo y amenazaron con entorpecer la visualización, hasta que finalmente se despejaron al mediodía.

No solo la agencia espacial estadounidense asistió; más de 200 astrónomos de la UNAM, la Academia Polaca de Ciencias, el Planetario de Hamburgo, el de Oxford y el Planetario Mexicano también estuvieron presentes. ¿A alguien le importó la presencia del Ejecutivo Federal?

El único observatorio profesional cercano, el Planetarium Torreón, situado en el Bosque Urbano, se había preparado desde 2017 para albergar este acontecimiento, donde Eduardo Hernández Carrillo cerró su ciclo como director tras quince años. No solo la NASA estuvo presente, también más de 200 astrónomos de la UNAM, la Academia Polaca de Ciencias, el Planetario de Hamburgo, el de Oxford y el Planetario Mexicano. ¿Acaso a alguien le importó la presencia del Ejecutivo Federal?

La noche anterior al evento se sentía un ambiente urbano esperanzador entre turistas de habla inglesa y locales, rodeados de copas y algarabía, distantes de la cruda época de matanzas, balaceras, delincuencia, narcóticos y de la posterior pandemia que segó vidas y negocios por igual. En esa incipiente primavera, la derrama económica local alcanzó aproximadamente 700 millones de pesos, según la Cámara Nacional de Comercio.

Quien escribe estas líneas recuerda cómo, a los siete años, al igual que muchos otros, atestiguó la transmisión narrada por Jacobo Zabludovsky, y “aquel próximo año 2024” parecía increíblemente distante. En la casa de su abuela materna, siguiendo las estrictas instrucciones de no mirar al cielo “porque te quedabas ciego”, obedeció y solo recuerda cómo se nubló… mientras su hermano mayor se rebeló.

A sus cuarenta años, quien escribe esto recuerda ese momento, así como a sus familiares fallecidos que habrían disfrutado de la ocasión, y a todas aquellas personas que perdieron la vida por el virus o la violencia del crimen organizado que sigue asediando a México. Ellos ya no vieron la conexión del sol y la luna, la desconcertante y bella noche de cuatro minutos con luces lejanas como de un amanecer. Dos albas en un mismo día y un público vitoreando, incluso rezando o llorándole al rockstar astronómico.

Es en este instante cuando debería sonar a todo volumen “Ethnicolor” de Jean–Michel Jarre —quien ahora celebra 75 prolíficos años, cuatro matrimonios y que no ha vuelto—, de haber considerado el perdón hacia México en esta nueva, sobrecogedora y perdida oportunidad estelar. En realidad, no es que haya obstaculizado su carrera posterior. ®

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Fuente original: revistareplicante.com

Publicado originalmente el 2024-04-20 07:00:00 por

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