Jean Michel Jarre ‘oxigena’ el Auditorio con el rescate de su msica electrnica

Momento de la actuación de Jean Michel Jarre en el Auditorio de Valladolid. (Foto: ICAL)

Actualizado jueves 24/04/2008 13:01 (CET)

ical

VALLADOLID.- Quince minutos después de la hora prevista, se apagaron las luces del Auditorio de Valladolid y un foco rojo se centró en un sillón huevo que albergaba al protagonista de la velada en el Centro Cultural Miguel Delibes.

Jean Michel Jarre saltó de su asiento como un resorte, con una sonrisa que lo acompañaría durante toda la noche, y dio inicio a su espectáculo. El músico ofreció alrededor de hora y media de lección magistral sobre la música electrónica, acompañado por más de treinta reliquias tecnológicas que revivieron las notas de su segundo álbum de estudio, ‘Oxygene’, uno de los discos fundamentales del género.

La capacidad evocadora de ‘Oxygene’ sigue, 30 años después de su creación, intacta. Jarre realizó una breve introducción sobre la intención de ese trabajo, junto con los antiguos sintetizadores y otros dispositivos que lo acompañaban en escena. «Compuse esta música hace tres décadas preocupado por el medio ambiente y el futuro del planeta, por eso la portada muestra el globo terráqueo con una calavera en su interior», explicó, afirmando también que «sé que en Valladolid se piensan en el futuro del planeta y el problema del agua». Respecto a los instrumentos utilizados, Jarre comentó que «son parte de la mitología de la música electrónica, el equivalente a los Stradivarius en la música clásica», y destacó que «estos viejos instrumentos ofrecen una calidad sonora que no puede ser igualada por las nuevas tecnologías». «Son como abuelitas y necesitan ser tratadas con atención y cuidado», agregó.

Tras presentar a Francis Rimbert, Claude Samard y Dominique Perrier, sus compañeros de viaje en el espectáculo, subrayó que no se utilizarían sonidos pregrabados, «así que compartiríamos con ustedes todos los accidentes que puedan surgir». Y así fue, los cuatro músicos comenzaron a calentar los equipos, afinándolos y dando forma a una atmósfera que pronto impregnó cada rincón de la sala.

Una iluminación minimalista y cuidada dio vida propia a cada aparato electrónico, con tonos y ritmos distintos y una cadencia acompañada por los propios acordes que emitían. Los seis temas del álbum (titulados originalmente solo con los números que ocupaban en la lista de canciones) se sucedieron mientras Jarre dejaba emerger su faceta de ‘showman’.

Moviéndose al ritmo de sus notas, animando al público a que lo acompañara con sus palmas y levantando el puño en señal de victoria cada vez que recibía una merecida ovación, especialmente tras sus prolongados solos con el theremin y el Moog Liberation, un sintetizador con forma de guitarra.

Su apuesta por rescatar instrumentos de los años 20 y 80 (como los mencionados anteriormente) creó un ambiente cálido que envolvió a los espectadores, poco a poco y sin prisa, realizando breves transiciones entre cada pieza que ayudaron a dar homogeneidad al conjunto.

De pie casi todo el concierto y con sus compañeros estéticos (parecía que nadie quería robarle protagonismo a la estrella), Jarre personificó anoche la interacción entre el hombre y la máquina. Ambos salieron victoriosos, ya que de su combinación surgieron notas tan hermosas como las de los temas dos y cinco (quizás las más populares del disco), mientras las luces, un colosal panel de espejos, una videoproyección en 3D del logotipo del disco y una sucesión de imágenes de animales, plantas y diversas formas del agua acompañaban el discurrir musical.

Un tal Thomas, quien actuó como traductor de Jarre desde el escenario, también se encargó de inmortalizar la noche con una pequeña cámara digital. «Hemos decidido filmar nuestras actuaciones en Oslo y Valladolid«, comentó Jarre, por lo que quién sabe si en unos meses aparezcan imágenes de su actuación de anoche distribuidas por todo el mundo.

Tras una hora y diez minutos, finalizó el concierto, y hasta tres veces salieron los músicos gracias a la insistencia del público, aunque solo en la última ocasión Jarre se decidió a ofrecer un bis en solitario. Supo a poco, pero la visita del francés a Valladolid (donde acostumbra a ofrecer espectáculos monumentales ante millones de espectadores en vivo) será recordada como uno de los grandes eventos musicales de la ciudad.

Fuente original: www.elmundo.es

Publicado originalmente el 2008-04-24 07:00:00 por

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