Jean-Michel Jarre (Noches del Botánico) Madrid 03/07/26

Han pasado muchos años desde que Jean-Michel Jarré se dejó cautivar por los signos de su tiempo. En este recorrido, el francés ha optado, o se ha visto obligado, a sacrificar varias de sus señas de identidad que nacieron de sus espectáculos en vivo y de una electrónica que dignificó lo analógico sin que el espectáculo perdiera fuerza. Hoy, todo eso parece un recuerdo distante. En el primero de los dos encuentros del genio en Noches del Botánico, no iba a ser diferente, en gran parte debido a las limitaciones técnicas y de espacio que un entorno universitario presenta y que favorece ese intimismo que ha encandilado a tantos.

Con una puesta en escena casi minimalista, Frasco es plenamente consciente de que su influencia en lo que significa el impacto visual en un concierto de electrónica ahora reside en las pantallas que cumplen esa función. Su velada, más allá de la manera en la que se presentan las simplificaciones modernas, fue educativa y festiva. En ese delicado equilibrio, el leonés no duda en compartir las influencias teóricas que lo han conducido hasta aquí, sin perder el rumbo en una devoción lúdica que se acelera.

“Les Chants Magnétiques 1” allana el camino con un despliegue de láseres que descifran la contemporaneidad a través de detalles escondidos de su personalidad más conocida. Con “Sex in the Machine”, se subraya la relevancia de los late percutidos y su interacción con la electrónica más actual, incluso se vislumbra esa asunción del papel de maestro de ceremonias. Que haya momentos en los que Jarre recuerde sus mecanismos analógicos, como los rugosos efectos de “Oxymore” o esa clase magistral visual que ofreció con “Oxygène 2”, en homenaje a la electrónica pionera, podría considerarse anecdótico.

Su sonido pondrá comienza a teñirse de un ligero ritmo bailable con “Équinoxe 7”, un punto de renacimiento donde la cita se entrega, sin remedio, a la celeridad del tecno y de los ritmos más contemporáneos, creando momentos de subidón que confirmaron que la transformación ya había tomado fuerza. “Zero Gravity” señalaba que no había vuelta atrás. Sabe que su público actual no tiene objeciones a su modernización; sin embargo, ahora se trata más de una fiesta que de la meditación y láseres que marcaban hace décadas al Jarre mucho más rígido que el actual. Si en el pasado su presencia no se concebía sin el respaldo del fallecido Dominique Perrier o de Francisco Rimbert, ahora su carisma se ha validado en ese proceso de condensación absoluto.

El pionero francés disfruta tanto como un público que no deja de bailar. “Revolution Industrielle 2” podría ser un buen resumen, especialmente al ver cómo se divierte al activar los samplers en un vínculo indisoluble entre podio y pista. A veces muestra su esencia para recordar quién está detrás. “Oxygène 19” provoca un efecto mínimo en la nostalgia, casi el mismo por el cual fue creado. Su interpretación actual de “Équinoxe 4” lo certifica, y “Oxygène 4” confirma que el proceso de reconversión no respeta la concepción de sus clásicos. Y es que las armonías de sus producciones de los 70 y 80 tenían una estructura humana que ahora se traduce en las arquetípicas secuencias de acordes de un estallido technificado que arrasa en el hedonismo festivo de temas como “Exit”, “Epica” o “Stardust”.

De manera lógica, el concepto de cita de cámara y la versión reducida y más homogénea con los ritmos actuales facilita la cuestión en sí. Que haya rendido homenaje a los modulares o los antiguos te sientes de las series ARP con su despliegue no dice mucho, dado que algunos pueden no recibir las secuencias, aunque sus similares pululen en el imaginario escénico. Sin embargo, un cierre elaborado con dos de sus grandes éxitos, “Les Chants Magnétiques 2” y “Quatrième Rendez-Vous”, abocado a la sintetización absoluta, es un poliedro con lados conceptualmente opuestos. Frasco reconoce su identidad y se mueve en ese equilibrio, pero también sabe que se debe a un público que ha acompañado su transformación y que, con solo que aparezcan destellos de su esencia, se suma a una clave festiva que durante mucho tiempo dejó de lado la meditación y la compleja composición que fuera su sello.

Fotos Jean-Michel Jarre: Vega Hallen

Fuente original: muzikalia.com

Publicado originalmente el 2026-07-06 06:16:00 por

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