Jean-Michel Jarre: «La IA es el supersintetizador del siglo XXI»

Carlos FresnedaCorresponsal en Pars

Actualizado Mircoles,
1
julio
2026

22:38

Jean-Michel Jarre (Lyon, 1948) tiene la misma chispa que un niño con nuevos sintetizadores. En estos días, el músico francés da el gran salto a España para conmemorar los 50 años del emblemático álbum Oxygene. El pionero de la música electrónica ofrecerá uno de los conciertos más esperados del verano en las Noches del Botánico de Madrid (los días 3 y 10 de julio), así como en el 50 aniversario de Amnesia, en Ibiza (día 5), en el ciclo FAR de Valencia (día 8) y en el festival Starlite de Marbella (día 13).

A sus 77 años, Jarre continúa infatigable, alternando sus multitudinarias actuaciones con la preparación de un nuevo álbum (el número 35 de su carrera). Hace un breve repaso a su trayectoria musical y defiende la singularidad de los artistas en la era de la inteligencia artificial. Desde su juventud ha sido un revolucionario, y aunque reconoce haberse subido al carro de la IA, asegura que tendrá un efecto «muy positivo» en la humanidad en general y en la música en particular.

El admirador del «alma española» y entusiasta de Rosalía hace un llamado a Europa para no perder el rumbo del futuro liderado por China, autoproclamándose «optimista subversivo» ante las profecías distópicas que copan los titulares actuales.

Estamos en 1976, Abba llena las pistas de baile con ‘Dancing Queen’ y, de repente, un compositor francés se desmarca con lo que algunos llaman «el sonido del futuro»… ¿Qué le viene a la mente al recordar el inesperado éxito de ‘Oxygene’? La nostalgia no encaja conmigo, pero es interesante recordar el impacto que tuvo Oxygene en aquel entonces. Fue como si un ovni hubiera aterrizado de repente en la era disco. También recuerdo lo que me dijo mi madre al ver el diseño del álbum con la pintura de Michel Granger: «Hijo mío, ¿cómo se te ocurre titular un disco con el nombre de un gas y con un cráneo en la portada?» (Risas). Cuando lo estaba creando, no pensaba en hacer «la música del futuro», simplemente estaba experimentando en mi estudio con mi primer sintetizador, explorando un tipo de música que iba más allá del solfeo. La música electrónica nos permitió convertirnos en artesanos, fusionando texturas e incorporando sonidos y ruidos.

¿Nunca se sintió atraído por el rock, como muchos de su generación? Toqué en bandas de rock durante mi adolescencia y asistí a muchos conciertos en L’Olympia de París. Me gustaba el rock, pero al escuchar a esas bandas inglesas pensaba: «esta es la revolución anglo, pero ¿cuál es mi revolución?». Estábamos en el contexto de mayo del 68, y había que rebelarse… Para mí fue clave el contacto con el GRM (Groupe de Recherches Musicales) y con Pierre Schaeffer y Pierre Henry. Todo comenzó con el concepto que entonces llamamos musique concrète, que se convirtió en la base de la música electrónica… A diferencia del rock, del jazz o del blues, estábamos ante un género que nació en Europa, en países como Francia y Alemania, con raíces en el surrealismo y una actitud irreverente similar a la de Marcel Duchamp aplicada a la música. Es algo de lo que los europeos debemos sentirnos orgullosos.

Su música no solo ha sido aceptada en el mundo anglo, sino que ha ganado la etiqueta de universal y sigue atrayendo a decenas de miles de seguidores en todo el mundo. ¿Cuál es el secreto? Imagino que ser fiel a tus raíces… Hay una diferencia entre ser universal e internacional. Internacionales son Coca-Cola y McDonald’s, que homogenizan todo. Universales son artistas como Rosalía, que rompen fronteras encarnando el espíritu de lo español y lo latino, sin miedo a experimentar. Rosalía también es un ejemplo de la singularidad del artista en la era de la IA. El arte no tiene nada que temer siempre que haya artistas dispuestos a romper las reglas y a ser disruptivos a su manera, como lo han sido Almodóvar, Dalí, Picasso y muchos otros artistas españoles.

¿La IA es una amenaza o una oportunidad para la música? Estoy convencido de que la IA puede ser muy beneficiosa para la humanidad en general, y para el arte también. Es una herramienta fantástica que permite no solo crear, sino también cuidar de tu propio trabajo… Dicho esto, no soy ingenuo y creo que necesitaríamos establecer reglas de uso. Para proteger la propiedad intelectual, por ejemplo. ¿Qué les diría a aquellos que creen que la IA podría poner fin a la creatividad humana? El debate actual sobre la IA me recuerda al que se tuvo a principios del siglo XX sobre la máquina de vapor, cuando un periódico británico advertía que el corazón humano podría explotar a 50 kilómetros por hora. También me recuerda a las anatemas del Vaticano contra la imprenta, que permitía a todos leer libros… Cada invento ha ayudado a democratizar el conocimiento y a dar a la gente herramientas que antes no tenían. El fuego es peligroso, sí, pero ha mejorado nuestra civilización. La electricidad también conlleva riesgos, pero ha sido una fuerza positiva para la humanidad… Recuerdo cómo al principio la música electrónica hizo que las orquestas se pusieran a la defensiva, hasta tal punto que boicoteaban nuestras actuaciones desconectando nuestros instrumentos cuando tocábamos en teatros de la ópera. En su tiempo, se pensó que la fotografía acabaría con la pintura, y el cine con el teatro… No debemos preocuparnos: la IA no acabará con el Stradivarius ni con la guitarra acústica.

«El concierto que más me ha marcado fue el que di en 1986 en mi ciudad, Lyon, por la visita de Juan Pablo II»

¿Ha utilizado la IA en los espectáculos que traerá a España? La he incorporado a la parte visual y a la escenografía de los shows que veremos estos días en Ibiza, Madrid, Valencia y Marbella. Hoy en día, la veo como una colaboradora multifacética, con la que puedes dialogar y obtener resultados inesperados. Me gusta darle la vuelta a las siglas y hablar de la IA como «imaginación aumentada». Al menos, así lo veo. Quiero demostrar al público cómo, con la ayuda de la IA, se puede crear algo poético, surrealista, orgánico y sorprendente.

¿La está usando también en el aspecto musical? Vengo directamente de Londres, de unas sesiones para mi próximo álbum, que saldrá en 2027 o 2028. Estoy trabajando con ella en el nuevo disco, no para copiar, sino para experimentar, para explorar nuevas texturas, como siempre he hecho con las nuevas tecnologías. Considero a la IA como el supersintetizador del siglo XXI. Creo que, con el tiempo, podría permitir la creación de nuevos géneros musicales y nuevas formas de expresión.

¡Se cumplen 50 años de ‘Oxygene’… y también 50 de Amnesia! ¿Cómo se explica que el padrino de la música electrónica haya tardado tanto en actuar en Ibiza? Tuve varias oportunidades de actuar al aire libre en Ibiza, pero nunca se concretaron. La posibilidad de celebrar el doble aniversario en Amnesia despertó mi imaginación, por el significado que tiene el lugar para la música electrónica y por su propia filosofía, esa idea de olvidar el pasado y el futuro, y celebrar el momento presente… Estoy convencido de que será muy especial. Sigo viendo mis instrumentos como una cocina en la que sigo experimentando. Esperemos que en esta ocasión seamos capaces de preparar una buena paella (Risas).

¿Qué diferencia hay entre tocar en una sala y actuar ante más de un millón de personas? No mucha, más allá de adaptarse técnicamente al espacio. Para mí, el objetivo siempre es el mismo: lograr una simbiosis con la audiencia, alcanzar un intercambio mutuo de vibraciones que, si todo va bien, te deja una sensación de plenitud al final… En esta era de teléfonos móviles, tablets y pantallas, hay una necesidad física de estar hombro con hombro y de compartir experiencias con otros seres humanos.

Usted ha tocado frente a las pirámides de Egipto y en el 25 aniversario de la NASA. Fue el primer músico occidental en ser invitado a dar conciertos en China en los años 80 y ostenta el récord Guinness de asistencia a un concierto (3,5 millones) en Moscú. ¿Tiene algún recuerdo especialmente grabado de esas actuaciones? Es complicado escoger uno. El concierto del año pasado en Samarcanda fue realmente especial, al igual que la clausura de los Juegos Olímpicos de París. La experiencia en China fue irrepetible. También tengo un gran recuerdo de la Rendez-Vous en Houston. Pero quizás el que más me marcó fue un concierto en mi ciudad, Lyon, en 1986, durante la visita de Juan Pablo II.

«Voy mucho a China y cada vez que regreso es como si volviera del futuro. Me gustaría que Europa creara sus propias herramientas de IA, que continúe exportando su calidad creativa.»

¿La tecnología y la emoción son compatibles? Creo que sí, y creo que he demostrado esto durante más de 50 años con mis conciertos en vivo. He pasado más tiempo con mis instrumentos que con seres humanos (Risas). Es curioso ver cómo hemos progresado técnicamente desde entonces, pasando de equipos analógicos a la IA, pero las emociones siguen siendo las mismas: nos conmueven los mismos aspectos.

¿Cómo se mantiene vivo el espíritu creativo a los 77 años? El secreto es mantener la curiosidad intacta. Eso es algo que se puede percibir en la mirada de los artistas. Siempre que he abordado un nuevo proyecto, lo he hecho con el síndrome del debutante. La emoción que siento ahora con mi nuevo álbum es la misma que experimenté con Oxygene, aunque sea un proyecto muy diferente.

¿Y cómo alimenta su entusiasmo y fe en el futuro? Digamos que soy un optimista subversivo. A lo largo de las décadas he sentido esa sensación de fin del mundo por diversas razones. Con el tiempo, la percepción de las décadas mejora: lo que parecía cataclísmico en los 60, 70, 80, ahora parece estar por todas partes… Quiero creer que la humanidad sabrá aprovechar de manera efectiva las increíbles herramientas que tenemos en el siglo XXI. Viajo mucho a China (Jarre mantiene una relación sentimental con la actriz Gong Li) y cada vez que regreso de allí es como si volviera del futuro, dada la apuesta que han hecho por la tecnología y la innovación. Me gustaría que Europa despertara, creando sus propias herramientas de IA y continuando la exportación de sus valores y su capacidad creativa al mundo.

Fuente original: www.elmundo.es

Publicado originalmente el 2026-07-01 20:38:00 por

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