JEAN-MICHEL JARRE EN VALENCIA. EL FUTURO SIGUE SONANDO CINCUENTA AÑOS DESPUÉS

Cuando un artista alcanza más de cinco décadas de carrera, y a lo largo de ese tiempo genera obras que se convierten en parte esencial de la historia musical — no solo de la música electrónica, sino de la música popular en general —, es innegable que nos encontramos ante un talento excepcional. Jean-Michel Jarré es uno de esos pocos creadores que logran trascender su propio estilo para convertirse en referentes a nivel mundial.

El músico francés, originario de Lyon, ya cuenta con más de veinte álbumes en su haber y una trayectoria caracterizada por la constante innovación. Fue uno de los grandes impulsores que acercó la música electrónica a un público masivo, aportándole melodías memorables y espectáculos audiovisuales de una magnitud nunca antes vista. Sus conciertos multitudinarios, varios de los cuales figuran en el Libro Guinness de los Récords, ahora forman parte de la historia de la música en vivo.

Este verano de 2026, ha regresado a España con una gira de cinco conciertos: dos en Madrid, uno en Ibiza, otro en Marbella — aún por celebrarse cuando escribo esto — y el realizado el miércoles 8 de julio en Valencia, que es el foco de esta crónica.

A estas alturas de su trayectoria, Jean-Michel Jarre parece haber alcanzado ese privilegiado nivel en el que un artista solo responde a su propia visión. Nunca ha dejado de explorar nuevos horizontes creativos, aun cuando eso significaba alejarse de lo que parte de su público esperaba. Aquellos de nosotros que crecimos con la inolvidable trilogía de Oxygène (1976), Équinoxe (1978) y Les Champs Magnétiques (1981) aún sentimos nostalgia por el sonido que revolucionó la electrónica melódica. Sin embargo, Jarre siempre ha buscado no quedarse atrapado en el pasado.

Su discografía refleja esa búsqueda constante. Esta curiosidad lo ha llevado tanto a crear algunas de las obras más influyentes del género como a arriesgarse con propuestas que, en ocasiones, no han encontrado el respaldo del público, ni parece que del propio artista. Pero incluso en esos momentos menos inspirados, ha prevalecido su admirable voluntad de arriesgar, innovar y evitar la repetición. Jarre crea, sobre todo, para satisfacer su propia necesidad artística, y precisamente esa honestidad es lo que conecta profundamente con su audiencia.

El setlist de esta gira encapsula perfectamente esa filosofía. Los grandes clásicos se entrelazan con composiciones más recientes de una manera sorprendentemente natural. Algunas piezas históricas se presentan reinterpretadas, actualizadas con nuevos arreglos y sonoridades — como es el caso del eterno Oxygène 4 (Pop Corn, que quizás no todos comprendan). Los seguidores más veteranos tal vez prefiramos las versiones originales, pero basta con estar frente al escenario para notar que estas nuevas lecturas funcionan de manera innegable.

Particularmente destacada es la inclusión de cuatro composiciones de Oxymore (2022), su más reciente trabajo. Lejos de romper la cohesión del concierto, dialogan con naturalidad junto a piezas que ya rondan medio siglo de antigüedad, demostrando que la coherencia artística de Jarre trasciende cualquier época.

El concierto comienza de manera sencillamente impactante con “The Opening” y “Magnetic Fields Part 1”. Desde ese instante, el público se entrega por completo. Durante casi noventa minutos, apenas hay respiro. Todo sucede de forma encadenada, sin casi pausas, en un flujo continuo de música, imágenes y energía.

Y lo que sorprende, sobre todo, es la vitalidad del propio Jarre. A una edad en la que muchos artistas moderan su energía, él parece ser el más joven de todos los presentes en el auditorio Marina Norte, lugar del concierto, que originalmente estaba programado para la icónica Ciutat de les Arts. Corre, baila, salta, interactúa constantemente con el público y transmite una energía realmente contagiosa.

Solo interrumpe el ritmo en cuatro ocasiones para dirigirse a los asistentes. En la primera, expresa su admiración por varias figuras de la cultura española, mencionando a Rosalía (¿cuándo habrá una colaboración entre ambos?), Pedro Almodóvar, Salvador Dalí y Pablo Picasso como referentes creativos. En la segunda, aborda un tema que ha ocupado gran parte de sus reflexiones: la inteligencia artificial y el profundo impacto que está teniendo en la creación artística, especialmente sobre la música.

Musicalmente, el concierto mantiene un altísimo nivel de principio a fin. Temas como “Sex in the machine”, “Oxygène 2” (con una intro en directo que permite ver al francés experimentando en su “cocina”), “Arpegiator”, “Zoolookology”, “Industrial Revolution Part 2” (quizás algo descontextualizada, ya que se echa de menos la suite completa), “Herbalizer” y “Epica”, junto con las nuevas revisiones mencionadas anteriormente — como las partes 4 y 7 de “Équinoxe” — provocan una respuesta entusiasta del público, que disfruta tanto de la nostalgia como de la habilidad de Jarre para reinventar su propio legado.

Todos tenemos nuestros deseos, y en mi caso, me gustaría escuchar “Ethnicolor”, “Chronologie 4”, “Équinoxe 5” e incluso “The last rumba”, pero con un repertorio tan vasto a lo largo de los años, es imposible atender a todos.

El desenlace es simplemente espectacular. “Stardust”, parte de su revitalizante proyecto “Electronica” (2015-2016), allana el camino hacia una despedida memorable con “Magnetic Fields Part 2” y el siempre emocionante “Rendez-vous Part 4”. Es un espectacular cierre que deja al auditorio completamente rendido y afónico.

Cuando la música cesa y las luces se apagan, es difícil creer que hayan pasado noventa minutos — no puede haber sido tan rápido — y la sensación dominante es la de querer seguir escuchando otra canción, más y más. En este sentido, quien firma estas líneas ha tenido la suerte de asistir a tres de los cinco conciertos del tour español de Jean-Michel este verano de 2026 y, sin embargo, al finalizar el tercero, sintió una inmensa tristeza por no poder disfrutar de otro al día siguiente.

Valencia recordará para siempre esta primera visita de Jean-Michel Jarre. Hizo bailar incluso a quienes nunca lo hacemos y, como ya sucedió aquella mágica noche en Cartago (Túnez), en agosto de 2013, nos hizo sudar. El francés nos hizo saltar, aplaudir, emocionarnos y olvidar durante hora y media las preocupaciones y el paso del tiempo. Nos recordó, en definitivo, por qué su música sigue sonando contemporánea medio siglo después de haber comenzado a escribir su historia.

Me parece relevante destacar, antes de cerrar esta crónica, que el propio Jarre nos reveló personalmente, dos días después del concierto en la capital del Turia, algunos de sus múltiples proyectos para los próximos meses, entre los que se incluyen un nuevo álbum, un libro y una futura gira que, según explicó, significará también una importante renovación de su propuesta visual y artística y que regresará a España. Una magnífica noticia para quienes seguimos disfrutando de su inagotable capacidad para reinventarse.

Existen artistas importantes, artistas imprescindibles, y luego está Jarre: un creador que ha hecho de la innovación su lenguaje y cuya obra seguirá inspirando a futuras generaciones.

Larga vida, Jean-Michel. Gracias por seguir demostrando que el futuro también puede tener memoria.

Fotos: Sergio de Lacedonia. Texto: David Muñoz López

Fuente original: www.dirtyrock.info

Publicado originalmente el 2026-07-18 16:15:00 por

Hashtags sugeridos: #JEANMICHEL #JARRE #VALENCIA #FUTURO #SIGUE #SONANDO #CINCUENTA #AÑOS #DESPUÉS