Jean-Michel Jarre deslumbra a Valencia con un baño de láser, baile y electrónica junto al mar

Crear música instrumental contemporánea y llenar grandes recintos como si se tratara de una banda de pop o rock es un verdadero talento, una gloriosa exclusividad reservada a muy pocos. Lo hizo en su momento Mike Oldfield con su icónico ‘Tubular Bells’. También lo logró el griego Vangelis, ya fallecido, y lo consigue, a lo grande, Hans Zimmer, el rey de las bandas sonoras. ¡Qué espectacular concierto en marzo en el Roig Arena!

Al igual que Zimmer, Jean Michel Jarre (Lyon, 1948) ha vuelto a colocar a Valencia en el mapa internacional de la música. En la noche de este miércoles, el pionero de la electrónica y los sintetizadores desde los años setenta (junto a otros como Kraftwerk o Giorgio Moroder), embajador cultural de amplias miras y uno de los grandes artistas a nivel global, ha marcado su debut en nuestra ciudad con un sorprendente repaso de sus éxitos pasados y presentes. Con una puesta en escena galáctica, los más de 4,000 asistentes se sintieron en medio de una experiencia entre ‘Matrix’, ‘Tron’, un museo de videoarte, una rave de robots o una abducción extraterrestre… Un deleite absoluto.

Poco antes del espectáculo, fanáticos como Eduardo García se apresuraban en busca de una buena ubicación, luciendo camisetas que evidenciaban su devoción por el compositor francés. Él es un transportista de 57 años residente en Valencia. «Escucho a Jarre en todas partes, en casa y en mis viajes, y aún no me creo que podamos disfrutarlo en Valencia». Su música «me transporta, me lleva a otros mundos. Creo que una ubicación en la Ciudad de las Artes hubiera sido mejor, pero no pudo ser».

Entre los admiradores, se encontraba un niño, Adrián. Ha llegado desde Suiza junto a su padre Mateo. «Es un regalo, y hemos viajado exclusivamente para el concierto», detalla. «Me encanta Equinoxe, es un álbum increíble que fusiona tecnología y belleza», asegura el chico. Tiene conocimiento de lo que habla, ya que es estudiante de música clásica y aprende clavicémbalo y danza en Suiza.

Jarre también fue un niño inmerso en la música. Su padre fue el célebre compositor de cine Maurice Jarre. Sin embargo, el hijo desarrolló su propio estilo. Promueve y practica un arte sin límites. Por ello, lo visual, luminoso y videográfico se ha combinado a la perfección con lo sonoro en el espectáculo, creando un acto de sincronía y estética que provoca un verdadero síndrome de Stendhal. Una inabarcable dosis de belleza y creaciones en continua sucesión. Una lavadora cósmica, y al mismo tiempo humana, funcionando a toda velocidad, con los oídos y la vista de los asistentes atónitos girando de un lado a otro.

Sobre el escenario, Jarre ha aparecido como un ‘Llanero Solitario’, un héroe hecho a sí mismo que se ha respaldado solo con su cocina de sintetizadores, samplers, secuenciadores y demás máquinas con chips sonoros para elevar las épicas melodías, tocadas en vivo sobre el teclado, que han marcado su extensa carrera: ‘Oxygène’, ‘Equinoxe’, ‘Magnetic Fields’, ‘Rendez-Vous’, ‘Revolutions’… ¡Más de 85 millones de discos vendidos! Otro de sus logros es el concierto más multitudinario de la historia: 35 millones de personas asistieron a su actuación en Moscú en 1997.

Regresando a Valencia. Desde los controles de su nave, Jarre lanza acordes, modifica frecuencias, ejecuta ritmos programados o impacta con potentes golpes de percusión. No se le escapa nada. Además, el hombre orquesta del futuro se convierte en momentos en un predicador e intercalando en su actuación reflexiones. Con el micrófono en mano, Jarre reflexiona sobre el mundo en que vivimos, la cultura que ha influenciado su música global, la Inteligencia Artificial, la tecnología y el futuro.

¿Pero cómo se ha desarrollado todo? Quince minutos después de las diez, las luces se apagaron y los láseres iluminaron el cielo. El viaje de Jean Michel Jarre comenzó como un lanzamiento en Cabo Cañaveral. En esta ocasión, la base espacial era el FAR, en la Marina Real, con el mar como testigo de una cuenta atrás en español que dio inicio a la orgía sonora sintetizada: ‘The Opening’, ‘Magnetic Fields 1’, y las más recientes ‘Sex in the machine’ y ‘Oxymore’. A continuación, dos de sus primeros clásicos, ‘Oxygène 2’ y ‘Arpegiateur’.

Seguidamente, un bloque central con una fuerte presencia de su doble álbum Electrónica, donde fusiona su música con otros artistas y DJs del género. Temas potentes como ‘The Architect’ o ‘Zero Gravity’ hicieron que Valencia se moviera al ritmo de la ruta del bakalao. Palmas y brazos al cielo. O ‘Exit’, la inquietante y oscura creación sobre los abusos del control digital. Frenesí sonoro y rítmico para criticar los excesos de nuestra era.

En esta fase intermedia del espectáculo, Jarre presentó gloriosos éxitos pasados como ‘Industrial Revolution 2’ o la vibrante, divertida y colorista ‘Zoolookologie’. Es un auténtico canto de voces locas sintetizadas que resuena como un himno extraterrestre y marcó un punto culminante en su carrera.

El repertorio de Jarre en el tercio final abarcó desde lo clásico hasta la vanguardia de sus trabajos más recientes. No se olvidó del maravilloso Equinoxe 4. Luego, su enérgico ‘Brutalism’ de ‘Oxymore’. A partir de ahí, ofreció una versión bailable de la aclamada ‘Oxygène 4’ que hizo vibrar al FAR.

Con el tema final del bloque, ‘Stardust’, Jarre transformó nuevamente el recinto en una discoteca valenciana. Fiebre colectiva, subidón feroz y brazos al aire para su colaboración con el DJ Armin Van Buuren. Los bises elegidos, ‘Magnetic Fields 2’ y ‘Rendez-Vous 4’, hicieron vibrar y llevaron a un éxtasis de nostalgia a los afortunados testigos de semejante espectáculo sonoro y visual.

Durante sus mensajes intercalados, ha elogiado la cultura española y valenciana. «Amo vuestra luz y costumbres». Ha instado a no temer a la IA ni al futuro, y ha destacado a artistas españoles como Pedro Almodóvar, Rosalía o Dalí. Se despidió con un sonoro «¡Viva España!» con el «viva» resonando en la multitud.

En resumen, hacer vibrar a una multitud cuando quien canta no es la voz, sino un sintetizador, es un mérito enorme. Jarre, más que un músico, es el dibujante sonoro de un mundo en constante cambio, un narrador artístico de los últimos cincuenta años en los que la humanidad se ha fusionado con cables, chips, IA y redes. Con las sombras y luces que eso conlleva. Sus composiciones son himnos de la era moderna, notas eternas que ayer finalmente resonaron en Valencia.

Fuente original: www.lasprovincias.es

Publicado originalmente el 2026-07-08 22:10:00 por

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