En la película “El Gran Truco” (2006), el director Christopher Nolan revela las tres fases que componen un acto de magia. Comienza con la promesa, donde el mago presenta algo que parece normal, pero que podría no serlo. Luego llega el giro, en el que el objeto se transforma en algo extraordinario, y finalmente el prestigio, donde todo se convierte en un espectáculo impactante, algo nunca antes visto. La verdadera magia. Si tomamos todos estos elementos y los aplicamos al ámbito del entretenimiento musical, Jean-Michel Jarre sería el mago supremo, ya que esta semana en el Movistar Arena fue simplemente espectacular, con un show de estética visual sin precedentes y un meticuloso juego de luces como protagonista principal, creando una ilusión única en su estilo.
Reconocido como uno de los pioneros de la música electrónica, Jarre finalmente pudo visitar el país tras una confusa cancelación el año pasado, cuando originalmente se iba a presentar. Pero como bien dicen, no hay deuda que no se pague; el francés subió al escenario pocos minutos antes de las 21:30 horas, acompañado de pantallas móviles que ofrecían un efecto 3D y un juego de luces y láseres que amplificaban sensorialmente todo el espectáculo.
Con una extensa carrera musical, el francés ha sabido reinventar sus canciones y espectáculos. Si antes la espectacularidad era masiva, ahora se ha vuelto más “íntima”, sin dejar de lado el sentido de lo previo. El primer gran momento de la noche llegó con ‘Oxygene 2’, parte del repertorio clásico del compositor; con ‘Web Spinner’ Jarre mostró su faceta más contemporánea, especialmente en ‘Exit’, una canción vertiginosa y urgente que cuenta con la participación de Edward Snowden, presentando un claro discurso social y político.
‘Equinoxe 7’ deslumbró gracias a los efectos que daban una sensación de tercera dimensión, y fue enlazada con ‘Conquistador’, donde Jarre apareció con guitarra al hombro. La espectacularidad de ‘Oxygene 8’ nos permitió observar de cerca los detalles de teclados y sintetizadores, gracias a una cámara en los lentes del francés, que se mezclaban con hipnóticas visuales.
El “momentos más “difícil” y el más esperado por todos, fue cuando Jean-Michel Jarre activó su famoso arpa láser en ‘The Time Machine’, una marca registrada del europeo. El imaginario visual también se hizo presente con la calavera en forma de planeta en ‘Oxygene 19’ y con la portada de Equinoccio (1978) en la parte 4 del disco homónimo.
Resulta complicado plasmar en palabras la cantidad de efectos y recursos utilizados por el músico, ya que todo constituye una simbiosis audiovisual, sacada de los mejores filmes de ciencia ficción. Aunque hubo un par de detalles menores, como notorios saltos en las pistas que evidencian la fragilidad del género, Jarre se mueve sin apuros entre el retrofuturismo electrónico de sus trabajos iniciales y el verdadero futuro en sus obras recientes. A sus 69 años, Jarre sigue sonando más fresco que muchos nombres que dominan el EDM con sus pendrives, presentando un espectáculo del que muchos desearían tener. Con la grandeza de un mago en su gran acto final, todos quedamos atónitos ante el truco del francés, quien, con bandera en mano, se despidió prometiendo regresar una vez más. Humo y espejos.
*Fotos: Fénix Entertainment Group.
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Fuente original: www.potq.net
Publicado originalmente el 2018-03-29 07:00:00 por
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