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Las masivas convocatorias de público, como las que experimentó el francés en Houston en el 85 o en Moscú en el 87, claramente han cambiado. Sin embargo, Jean-Michel Jarré tenía una promesa pendiente con sus seguidores chilenos.
Cuando parecía que finalmente iba a aterrizar en territorio chileno, un inesperado giro ocurrió tras la cancelación inicial del show programado para noviembre de 2017. No obstante, después de resolver el contratiempo con la productora Fénix, la mente detrás de álbumes tan icónicos como «Oxígeno» y «Equinoccio» pudo, este martes, pisar el escenario del Movistar Arena, marcando su debut definitivo en el país al otro lado del mundo.
El comienzo no podía ser puntual; el músico decidió aumentar la intriga y las luces no se apagaron hasta las 21:30 horas, momento en el que finalmente apareció en el escenario, comenzando su presentación con «Automático», esa colaboración lanzada en 2015 junto a Vincent Clarke.
Claramente, esto no era solo una propuesta musical, sino que abarcaron el amplio sentido de la palabra espectáculo, fusionando sus característicos sintetizadores con visuales vibrantes y deslumbrantes.
Pantallas tanto al fondo como al frente del escenario, delante de Jarre, formaron parte del decorado. Figuras geométricas luminosas y formas antropomórficas hicieron diversas apariciones, creándose de la nada y desintegrándose después. Mientras tanto, unos láseres inundaban el resto del recinto en el Parque O’Higgins al ritmo de la música, completando la experiencia alucinante.
A Jarre le gusta interactuar durante sus presentaciones, pero es consciente de que la protagonista es la música, así que sus palabras fueron breves y sucedieron cada dos o tres canciones. Entre agradecimientos por la reacción del público y presentaciones puntuales de algunas de sus creaciones, destacó temáticas importantes como el medio ambiente, parte de su intercambio con el público, tanto en español como en inglés, el también productor de 69 años.
Destacó especialmente una mención a Edward Snowden durante la presentación de «Salida», mientras que la imagen digitalizada del informático apareció posteriormente en el centro del escenario, resaltando cuestionamientos sobre la privacidad de los datos en dispositivos electrónicos y la importancia de los derechos colectivos en lugar de individuales, para el bienestar futuro de todos.
Así fue la tónica de la actuación de Jean-Michel Jarré en la calurosa noche de marzo que lo trajo al país. La interpretación de «Oxígeno, parte 4» fue uno de los momentos más aclamados, pero el uso del arpa láser en «Máquina del tiempo» fue, sin duda, uno de los más sorprendentes.
Es curioso. Para ser un concierto tan energético, dispuesto a generar movimientos involuntarios de los pies, los casi 12 mil fanáticos que asistieron al show lo vieron sentados. Aquellos que se atrevían a levantarse, recibían los gritos de quienes estaban más atrás como un aguacero al finalizar cada canción, exigiendo retomar su vista despejada.
Más allá de eso, Jean-Michel Jarré es un artista que se preocupa por cada detalle. Su presentación no consiste simplemente en mezclar los éxitos pop del momento con sus propias composiciones, ni solo en presionar play y ajustar volúmenes. El francés construye sus sonidos en el escenario con sus propias manos, utilizando sintetizadores, guitarras y más; las gráficas que emplea son una marca personal que se adapta a su propuesta, y la iluminación te sumerge en la experiencia, convirtiendo todo en una travesía original y gratificante en 90 minutos de actuación.
«Volveré pronto. ¡Viva Chile! ¡Viva Santiago!» pronunció al finalizar Jean-Michel Jarré envuelto en una bandera chilena. Veremos qué tan pronto cumple su promesa.
Fuente original: cooperativa.cl
Publicado originalmente el 2018-03-28 07:00:00 por
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