2017 – Live @ The Dead Sea
Nombre del concierto: Live @ The Dead Sea
Fecha: 6 de abril de 2017
Ubicación: Masada, Israel
Lugar: Fortaleza de Masada, a orillas del Mar Muerto
Asistencia estimada: cerca de 10.000 personas
Músicos participantes:
- Jean-Michel Jarre (sintetizadores, arpa láser),
- Sahar Z (DJ invitado),
- Khen (DJ invitado)
La noche del 6 de abril de 2017, el paraje milenario de Masada, en Israel, fue escenario de un concierto único en el que Jean-Michel Jarre fusionó música electrónica y activismo ecológico bajo las estrellas del desierto. En lo alto de la antigua fortaleza –un sitio de enorme peso histórico– Jarre ofreció un espectáculo concebido para concientizar sobre la alarmante disminución del Mar Muerto y protestar contra las políticas medioambientales negacionistas de la época. El artista francés, embajador de buena voluntad de la UNESCO, escogió este enclave cargado de simbolismo para enviar un mensaje al mundo: “esta región pertenece a la humanidad… debemos hacer todo lo posible para preservar este lugar”, declaró en la previa, subrayando el valor universal de Masada y abogando por la protección del Mar Muerto como patrimonio mundial. Era la primera vez que Jarre actuaba en Israel, y la expectativa era máxima: solo se dispusieron unos 10 mil boletos para este evento nocturno, pensado como una experiencia íntima en contraste con los megaconciertos multitudinarios que definieron su carrera.
El contexto político y ambiental le dio un matiz especial al concierto. Jarre dedicó el show a “organizar la resistencia contra todos los Trump del mundo” –una referencia directa a la entonces reciente hostilidad hacia los acuerdos climáticos–, y colaboró con artistas locales de la escena electrónica israelí, como los DJs Sahar Z y Khen, quienes contribuyeron a ambientar la velada desde el anochecer hasta el amanecer. La ubicación no pudo ser más dramática: al pie de la imponente pared rocallosa de Masada, a 430 metros sobre el Mar Muerto, se erigió un escenario futurista. En los días previos se enfrentaron retos técnicos considerables por el entorno inhóspito –el intenso contenido salino del aire obligó a usar equipos locales para evitar corrosión–, además de vientos inclementes que amenazaron con retrasar el inicio. De hecho, la noche del concierto los fuertes vientos postergaron la apertura unas dos horas y media, manteniendo al público en suspenso. Pero una vez superados los contratiempos, el espectáculo despegó con toda su magia.
Cuando finalmente Jarre apareció, saludó al público con un cálido “¡Shalom, Israel!” mientras las primeras secuencias de “Ethnicolor” inundaban la atmósfera. El artista, de 68 años, lució sus características gafas con cámara incorporada y se situó entre una batería de sintetizadores y su legendaria arpa láser verde. Sobre la antigua fortaleza se proyectaron haces de láser y luminosas animaciones que bailaban contra la montaña, convirtiendo el desierto en una catedral visual. El despliegue escénico fue imponente: alrededor de 2.000 proyectores y pantallas gigantes pintaron imágenes sobre la ladera, y rayos multicolores atravesaron el cielo nocturno, mientras sonidos cósmicos resonaban en el vacío del valle. Vincent Morandi, diseñador de iluminación del show, concibió un montaje con tiras de pantallas LED de alta resolución y efectos 3D envolventes para compensar las limitaciones técnicas impuestas por el polvo salino. El resultado fue sobrecogedor: “visualmente resultó deslumbrante. Incrustado en la topografía del lugar –océanos de arena y un acantilado de 500 metros– el escenario parecía una pequeña ciudad de cristal en medio del desierto”, describió Morandi, aludiendo a que las estructuras iluminadas se asemejaban a cristales de sal emergiendo de la arena. La combinación de elementos –luces, pantallas semitransparentes, lasers y fuegos artificiales discretos– consiguió integrar la monumental escenografía natural de Masada al espectáculo, dotando de misticismo cada nota.
Musicalmente, Jarre ofreció un recorrido ecléctico por su repertorio, entremezclando clásicos pioneros con composiciones contemporáneas de su etapa Electronica. El público, compuesto tanto por israelíes como por fans que viajaron desde distintos rincones del mundo, pudo deleitarse con pasajes emblemáticos de Oxygène y Équinoxe en esa atmósfera irrepetible. Sonaron secuencias hipnóticas como “Oxygène 2” –cuyas melodías flotaron literalmente sobre el Mar Muerto– y ritmos enérgicos como “Chronologie 4”, acompañados por un juego de láser verde dibujando pentagramas luminosos en el aire. También hubo espacio para piezas recientes: “Exit”, introducida por la voz pregrabada del exanalista Edward Snowden denunciando la vigilancia masiva, retumbó con potencia; aunque, en deferencia a la sensibilidad local, Jarre optó por una versión editada sin la carga política completa de la original. Durante “Brick England” (su colaboración con Pet Shop Boys) y “Stardust” (co-compuesta con Armin van Buuren), la base rítmica invitó al baile a los presentes, demostrando que incluso en medio del desierto era posible montar una discoteca al aire libre. El clímax llegó con “Oxygène 4”, quizás su composición más reconocible: las capas de sintetizador se expandieron por la noche mientras focos azules bañaban la ladera de la montaña, creando un momento de comunión colectiva. Tras horas de música electrónica ininterrumpida, el concierto concluyó simbólicamente al despuntar el alba del viernes, cuando Jarre interpretó los últimos compases acompañado por los primeros rayos de sol sobre el Mar Muerto. Aquella escena –la música de Oxygène sonando mientras el cielo clareaba sobre el desierto– quedó grabada en la memoria emotiva de la audiencia.
La recepción del público fue entusiasta y profundamente emotiva. Muchos espectadores sintieron que asistían a algo más que un concierto: era un llamado a la conciencia ambiental en uno de los escenarios naturales más majestuosos y frágiles del planeta. “¡Fue un concierto increíble! Estamos felices de haber venido desde Nueva York solo por Jarre en este lugar único en la Tierra, el Mar Muerto”, comentaba un fan en redes sociales, reflejando la devoción de los seguidores que viajaron grandes distancias por esta ocasión histórica. Los asistentes locales también vivieron la velada con asombro; para muchos israelíes era la primera oportunidad de ver a Jarre en vivo, y hacerlo en un sitio tan emblemático multiplicó su significado. Aplausos y vítores resonaron particularmente cuando Jarre recordó desde el escenario el propósito del evento –“este concierto busca resaltar la catastrófica situación del Mar Muerto”, dijo, incitando a la audiencia a no olvidar el mensaje ambiental detrás del espectáculo–. La prensa israelí destacó cómo Jarre logró “hipnotizar” a los presentes con su fusión de arte y activismo; el diario The Jerusalem Post subrayó que el músico no dejó de insistir en la urgencia ecológica incluso mientras desplegaba sus recursos escénicos futuristas. Por su parte, The Times of Israel elogió la valentía del artista al sobreponerse a las rachas de viento y ofrecer un show con todos los elementos extravagantes por los que es conocido –“láseres, humo y pantallas gigantes” abundaron en Masada–, sin sacrificar la calidad del sonido ni el mensaje de fondo.
En retrospectiva, Live @ The Dead Sea 2017 se erige como uno de los conciertos más especiales en la carrera de Jean-Michel Jarre por su combinación de espectáculo audiovisual y causa global. Si bien no batió récords de asistencia como en otras ocasiones, el propio Jarre recalcó que buscaba un enfoque más íntimo y respetuoso con el entorno natural y cultural de Masada. El impacto fue significativo: el evento elevó el perfil internacional de la campaña para salvar el Mar Muerto, generando cobertura en medios de todo el mundo sobre esta “crisis a cámara lenta” ambiental. Asimismo, consolidó a Jarre como un artista comprometido, dispuesto a usar su arte para abordar problemáticas contemporáneas. Pocos espectáculos pueden presumir de iluminar una fortaleza milenaria con láseres para llamar la atención sobre el cambio climático. Años después, los fans aún recuerdan con emoción aquella velada en que la electrónica de Jarre hizo vibrar el desierto de Judea, demostrando el poder de la música en vivo para inspirar conciencia y unir a la gente bajo una causa común. Jarre, el pionero que una vez reunió a millones en París, Houston o Moscú, en Masada reunió a la humanidad con la naturaleza en un abrazo sonoro inolvidable.
Referencias:
- Agence France-Presse. (2017, 3 de abril). Jean-Michel Jarre to play anti-Donald Trump Dead Sea concert. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/world/2017/apr/03/jean-michel-jarre-anti-donald-trump-dead-sea-concert
- Miller, Z. (2017, 4 de abril). A Concert at Masada for the Shrinking Dead Sea. Tablet Magazine. Recuperado de https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/a-concert-at-masada-for-the-shrinking-dead-sea
- Agence France-Presse. (2017, 7 de abril). Electro music pioneer braves winds for Dead Sea show. The Times of Israel. Recuperado de https://www.timesofisrael.com/electro-music-pioneer-braves-winds-for-dead-sea-show/
- PLSN Staff. (2017, 7 de junio). Jean-Michel Jarre: 2017 Spectacles Add to an Epic Career. Projection, Lights & Staging New. Recuperado de https://plsn.com/articles/video-production/jean-michel-jarre-2017-spectacles-add-to-an-epic-career/
- Facebook – Jean-Michel Jarre. (2017, 7 de abril). Post-concierto Masada (comentario de fan). Recuperado de https://www.facebook.com/jeanmicheljarre/posts/10155238511604096