1997 – Oxygène Tour
Nombre del concierto: Oxygène Tour (Tour Europeo)
Fecha exacta del evento: 3 de mayo – 20 de octubre de 1997 (36 conciertos en distintas fechas)
Ubicación: Varias ciudades de Europa (15 países)
Lugar o locación: Gira de recintos cerrados (arenas y auditorios indoor)
Asistencia estimada: ~230.000 personas (100.000 a 230.000 según distintas fuentes, suma de todas las fechas)
Músicos participantes:
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- Jean-Michel Jarre (sintetizadores, arpa láser, Theremín)
- Francis Rimbert (teclados)
- Dominique Perrier (teclados)
- Christophe Papendieck (bajo, teclados)
- Dominique Mahut (percusión)
- Laurent Faucheux (batería)
En 1997, Jean-Michel Jarre sorprendió al mundo de la música al emprender algo que hasta entonces había hecho en contadas ocasiones: una gira de conciertos “tradicional”, con fechas múltiples en distintos países. Bautizada como Oxygène Tour, esta serie de 36 presentaciones marcó el esperado regreso de Jarre a escenarios indoor (bajo techo) desde su histórica mini-gira por China en 1981. A lo largo de 15 países europeos, el artista francés llevó su espectáculo electrónico a arenas y grandes auditorios, adaptando su grandilocuente propuesta –acostumbrada a plazas al aire libre– a un formato más íntimo pero igualmente impactante. El contexto no podía ser más propicio: Jarre acababa de lanzar Oxygène 7-13, secuela de su álbum debut icónico, y quiso celebrar ese nuevo capítulo volviendo a sus raíces analógicas en vivo, para deleite de sus fanáticos de toda la vida.
El concepto del Oxygène Tour se alejó de los macro-conciertos multitudinarios al aire libre, enfocándose en crear una atmósfera inmersiva puertas adentro. Jarre diseñó un escenario futurista pero contenido, dominado por un arsenal de 26 sintetizadores analógicos cuidadosamente dispuestos alrededor suyo. Desde clásicos sintetizadores Moog modulares hasta el mítico mellotron, pasando por secuenciadores analógicos, la tarima parecía un santuario retro-futurista. Al fondo, grandes pantallas de video y sistemas de iluminación inteligentes sustituían a los edificios y monumentos que en exteriores le servían de decorado. Jarre colaboró con un grupo de estudiantes de arte digital de la escuela Sup’InfoCom de Valenciennes para diseñar animaciones vanguardistas que se proyectaban durante el show. Además, incorporó al VJ francés Jessie Deep, quien experimentó con un software pionero llamado X-Pose para generar visuales en tiempo real sincronizados con la música. El resultado: cada pieza del repertorio tenía su propio universo visual dentro del recinto, desde túneles psicodélicos en verdes y azules durante “Magnetic Fields 2” hasta secuencias de astros y nebulosas evocando el cosmos en los pasajes de Oxygène.
Musicalmente, la gira fue un homenaje a las dos generaciones de Oxygène. Jarre estructuró el setlist alternando temas del álbum nuevo (Oxygène 7-13, lanzado ese mismo año) con los cortes más emblemáticos del Oxygène original de 1976. Esta mezcla dio oportunidad a momentos únicos: algunas composiciones clásicas, como “Oxygène II” y “Oxygène V”, volvían a sonar en directo tras muchos años de ausencia en sus setlists. Además, Jarre se permitió reimaginar ciertos números con arreglos distintos: “Magnetic Fields 2”, por ejemplo, fue completamente reinventada con una impronta más IDM (Intelligent Dance Music), incorporando ritmos quebrados y texturas contemporáneas que sorprendieron gratamente al público más joven. El sonido global del concierto era potente pero matizado – se desplegaron unos 75.000 watts de equipo de sonido de alta fidelidad, lo suficiente para hacer vibrar butacas pero sin distorsión alguna. De hecho, en la ciudad de Grenoble, la demanda eléctrica del show fue tanta que provocó un apagón momentáneo en el vecindario durante la prueba de sonido, anécdota que Jarre contó con humor en entrevistas posteriores.
La Oxygène Tour también destacó por la incorporación de instrumentos poco habituales en el rock electrónico de grandes giras. Jarre, siempre showman, presentó por primera vez en vivo su “nueva juguete”: el Theremín, uno de los instrumentos electrónicos más antiguos del mundo, inventado por el ruso Léon Theremin en 1919. En un guiño histórico y técnico, el músico utilizó este etéreo aparato –que se toca sin contacto físico, moviendo las manos en el aire entre sus antenas– durante pasajes de “Oxygène 7” y “Oxygène 10”, generando agudos aullidos espaciales que dejaban al público boquiabierto. Cada noche, Jarre también empuñaba su famosa arpa láser verde, disparando rayos luminosos verticales que cortaba con los guantes para desencadenar notas musicales. Hubo algunas travesuras técnicas: el arpa láser, notoriamente temperamental, no funcionó perfectamente todas las veladas, obligando a Jarre a improvisar sobre la marcha –algo que, lejos de molestar, los fans apreciaron como muestra de la autenticidad “en vivo” del espectáculo. Cuando la arpa encendía correctamente, arrancaba ovaciones; cuando fallaba, Jarre sonreía de forma cómplice y continuaba tocando sus sintetizadores, demostrando su veteranía escénica.
A diferencia de sus eventos masivos gratuitos, este tour fue con entradas pagadas y auditorios de aforo limitado, lo cual cambió la dinámica del público. Las localidades agotadas en ciudades como Londres, Barcelona, Viena o Varsovia evidenciaron el fervor de una base de seguidores dispuesta a verlo en un formato más cercano. Varios asistentes y críticos notaron con agrado que, en recintos cerrados, se podía apreciar a Jarre concentrado en la ejecución musical con mayor detalle, sin tantas distracciones protocolarias. “Por 90 minutos olvidé por completo mis dolores de pies y la fatiga; fue abrumador”, escribió un fan tras el concierto de Londres, destacando cómo la atmósfera oscura de la arena y el sonido cuadrafónico envolvente los sumergió totalmente en la música (Steve Hoffman Forum, 2008). En algunas ciudades, Jarre tomó el micrófono para presentar brevemente sus peculiares instrumentos al público –explicando, por ejemplo, el funcionamiento del Theremín o la historia detrás de cierto sintetizador analógico– lo que el público aplaudía con entusiasmo. No obstante, también hubo opiniones encontradas: algunos puristas extrañaron la energía “rockera” que impregnaba sus giras previas (en el Europe in Concert de 1993 Jarre llevaba guitarrista eléctrico, ausente en 1997), y consideraron que el sonido por momentos era demasiado frío o académico. Un cronista en Berlín comentó que por momentos el show “pecaba de clínico”, con tanta fidelidad al sonido de estudio que se echaba de menos un poco de improvisación o riesgo. Otros señalaron pequeños desajustes: en alguna fecha, ciertas notas quedaron desafinadas o algún secuenciador no disparó a tiempo, problemas menores que Jarre y su equipo resolvieron sobre la marcha sin mayores contratiempos.
Pese a esas críticas puntuales, el balance general de la gira fue muy positivo. La prensa europea elogió la capacidad de Jarre para trasladar sus symphonies électroniques de las plazas públicas a recintos cerrados manteniendo la espectacularidad. Le Monde destacó que Jarre había logrado “domesticar” su espectáculo gigante a escala humana, permitiendo apreciar su virtuosismo como instrumentista: en efecto, durante la gira quedaba claro que Jarre ejecutaba gran parte de las secuencias en vivo, moviéndose ágilmente entre teclados, controladores Ribbon y el arpa láser sin apenas pausas. Este enfoque hands-on, “todo tocado en directo”, fue valorado en un momento en que muchos conciertos electrónicos se acusaban de ser pre-grabados. Además, Jarre aprovechó la gira para probar nuevas tecnologías: experimentó con audiencias 3D sound en algunos recintos y coqueteó con la idea de transmitir ciertas fechas por internet, un proyecto adelantado a su tiempo que finalmente no se concretó en 1997 debido al ancho de banda limitado de la época.
Oxygène Tour 1997 consolidó a Jean-Michel Jarre como un artista capaz de girar como las estrellas del rock tradicional, sin perder su esencia vanguardista. Aunque inicialmente Jarre contempló extender la gira fuera de Europa (se habló de un posible tramo en Norteamérica o Asia), los elevados costes de producción –se estima que cada concierto costaba alrededor de 76.000 euros montar, debido a la complejidad técnica de escenario e instrumentos– lo hicieron desistir de un tour mundial completo. No obstante, esa experiencia sentó un precedente: Jarre comprobó que existía un público global dispuesto a pagar por verlo en ambientes más pequeños, lo que años más tarde lo animaría a emprender nuevas giras (como la de 2008-2010 por teatros) ya con tecnologías modernizadas. Para muchos fans, esta gira de 1997 quedó en la memoria como la oportunidad de ver de cerca al “mago de los sintetizadores” en pleno apogeo creativo. En adelante, el theremín –ese guiño a la invención rusa– se incorporó regularmente al arsenal de Jarre en vivo, y las ideas visuales gestadas en Oxygène Tour (colaboración con jóvenes artistas digitales, uso de espejos y estructuras móviles) evolucionarían en sus siguientes shows. En suma, el Oxygène Tour demostró que la música electrónica de Jarre podía llenar tanto plazas públicas como estadios techados, marcando un hito de versatilidad en su carrera y en la forma de presentar la música electrónica en directo durante los años 90.
Referencias:
- Jean-Michel Jarre Official Site. (2025). Oxygene Tour – 1997 (Live)jeanmicheljarre.com.
- Jean Michel Jarre Fan Page. (2009, August 25). Oxygène Tour 1997 – European Tour, May to October 1997. [Blog en WordPress]jmjarrefan.wordpress.com
- Red Bull Music Academy. (2016, January 13). Interview: Jean-Michel Jarre on live performancesdaily.redbullmusicacademy.com (Jarre comenta la reacción de fans a los remixes en 1998, aplicable al contexto de 1997).